“Hay que soportar sin dejar de avanzar; si sabes lo que
vales, ve y consigue lo que quieres, pero tendrás que soportar los golpes de la
vida”
Ante ciertos problemas, hay quien se hunden y creen que no
se puede hacer nada y, otros que piensan que todo se puede arreglar.
Hay personas resilientes y otras que no lo son; la persona
resiliente tiene la capacidad de soportar los golpes y avatares de la vida y
superarlos, los siente y padece, pero no se recrea en esas emociones ni en el
dolor, sabe que son baches o circunstancias que forman parte de la vida.
La persona no resiliente puede ser reactiva y,
victimita, perturbándose cada vez que las circunstancias no le satisface sus
necesidades, expectativas y deseos.
Alguna vez nos hemos preguntado si somos o tenemos
resiliencia ¿somos capaces de superar el victimo y derrotismo? ¿El resiliente
se hace o se nace? ¿Se puede ser resiliente sin la fuerza ni la compresión
necesaria para modificar nuestra actitud frente a la vida?
Resiliencia. Según la definición de la Real Academia
española, se trata de “la capacidad humana de asumir con flexibilidad
situaciones límite y sobreponerse a ellas”.
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