A primera hora de la
mañana de hoy hace calor, pero menos que a mediados del día, que según el
pronóstico del tiempo anuncia, la temperatura llegara a alcanzar los treinta y
cinco grados.
Salgo de casa para caminar un poco, pero hoy observo con
otros ojos (con una mirada diferente), pequeñas cosas de la vida diaria que nos
pasan por delante y a penas si prestamos atención, pues nuestra mente esta
ensimismada en asuntos o problemas que tenemos pendiente y por eso solo vemos
lo superficial de lo cotidiano que nos parece mas o menos siempre lo mismo,
pero no es así. Cada día cambia todo, desde el tiempo, las personas, pasando
por plantas, insectos y animales, cambios con
diferente y sutiles matices.
Pues bien, como decía, hoy voy a comenzar mi andadura por una
amplia avenida con suficiente arboleda que da una sombra necesaria para hacer
más cómodo el paseo: De frente en dirección opuesta a mi camino, veo una joven
mujer que lleva un pequeño perro atado con una correa, la señora camina con
relativa ligereza siguiendo el paso del animalito a pesar de la prominente
barriga, redonda y bien formada, evidente dado su ajustada vestimenta. Nos
cruzarnos y, sigo mi camino ¿pero que pequeña cosa he observado hoy que me ha
hecho pensar? Que un diminuto espermatozoide y un pequeño ovulo fértil hayan
dado lugar a la grandeza de esa abultada preñez con una nueva vida en su
interior.
Así es la grandeza de las pequeñas cosas de la vida.
Seguiré mi andadura y os contaré… pero mientras
Así es la grandeza de las pequeñas cosas de la vida.
Seguiré mi andadura y os contaré… pero mientras






