domingo, 4 de enero de 2015

“El Doctor televisión”

Es una mañana soleada de invierno, apetece salir a pasear y tomar el sol, un poco abrigado eso si, pues a la sombra hace frio. Los niños jugando en los parque disfrutando de este día espléndido, los adultos caminan despacio por las zonas soleadas como si no tuvieran prisa por llegar a ninguna parte. Los mayores y ancianos sentados en los bancos mejor orientados al sol. En uno de ellos están sentados mi amigo Juan y su mujer, con sus respectivos bastones cada uno. Tienen ochenta y ocho años él, y ochenta y seis ella, son muchos años y varios achaques, según me cuentan. Me acerco a saludarles, charlamos, y ella me dice:

-Hemos parado un poco, pero vamos camino de la farmacia, a este se le ha metido en la cabeza comprar una crema que anuncia la televisión que, según dice, regenera no sé qué alivia los dolores y cura milagrosamente varios males.

Juan apenas si oye aun con audífonos, así que levantando la voz me dirijo a él y le digo:   

-Juan no todo lo que anuncia por televisión es exactamente como lo muestran, son anuncios comerciales cuyo fin es vender el producto, y lo mejor con respecto a la salud es acudir a tu Médico.

-Si (me dice), pero es que él no me manda nada, y yo estoy cada vez peor.

-Pero Juan, tienes que confiar en el Doctor, es un profesional que hará lo que esté es su saber y entender, y tratarte hasta donde estén sus límites, teniendo en cuenta tu edad.

-Juan insiste. Creo que lo que dice la televisión es lo que yo necesito.

Se levantan, nos despedimos y, se encaminan hacia la farmacia mientras la mujer moviendo la cabeza me dirige una mirada como diciendo ¿Qué le voy hacer?

¡El “Doctor televisión” ha hablado, lo cura todo y sin receta!




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lunes, 29 de diciembre de 2014

Propósito de cambios en el año nuevo



El cambio del perfeccionista: auto exigente y crítico que se frustra y se enfada consigo mismo; dado que nunca alcanzara la perfección. Sería, dejar de creer que su forma de ver las cosas es la única y verdadera, serenarse, y aceptarse como es.

El que necesita amor constante: quizás debería empezar por amarse a sí mismo.

El inseguro: de tanto esconderse detrás de una máscara acaba olvidándose de quien es; ¡auto estima!

El que se infravalora: debería valorarse por lo que es, en vez de por lo que hace.

El que necesita acaparar atención siempre: tendría que aprender a  interesarse más por los demás que por sí mismo.

El que tiene miedo a expresar sentimientos: debería hablar con el corazón y encontrar el equilibrio entre lo que piensa y lo que siente.

El que teme tomar decisiones y no confía en sí mismo: debería transformar la cobardía en coraje.

El hiperactivo y hedonista: debería cultivar el silencio y el arte de no hacer nadad.  

El controlador posesivo: debería comprender que nadie es más que otros y practicar la humildad.


El apático: debería ampliar su autoestima haciéndose valer y aportar valor a los demás.

Posiblemente no cambiemos, quizás porque hay demasiadas motivaciones detrás de nuestras conductas. ¡¡En la vida hay que pasar páginas, cerrar libros y a veces hasta clausurar bibliotecas!!

“Soy la herida y el puñal” (Charles Baudelaire)





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sábado, 20 de diciembre de 2014

Felices fiestas.



Estamos inmersos en fiestas, son días impregnadas del espíritu navideño, con buenos deseos de
paz amor y buenas intenciones. Como todos los años veremos actitudes “bondadosa” haciendo el bien ostensiblemente con fotos y propaganda, pero solo en estos días, quizás para justificar sus malas acciones o su mezquindad. Después volverán a la hipocresía cotidiana de la apariencia como buenas personas.
Afortunadamente hay gente horrada y verdaderamente bondadosa, dispuestas a echar una mano a los demás, lo hacen siempre y, en estos días también, pero no se les ve ni se les oye, porque hacer el bien es habitual en ellos. En este mundo lleno de falsedades, al bueno se le toma por tonto, pero la realidad es que, la auténtica bondad encierra sabiduría.

A pesar de los tiempos que corren no quiero caer en la desesperanza, confiemos en un mínimo de honestidad y honradez  en quien tiene el poder para solucionar o mitigar a la mínima expresión, los problemas de hambre, pobreza y la brutal desigualdad y miseria en el mundo.

No solo en estos días sino para siempre, mi deseo es que tengáis, salud la necesaria, amor el suficiente, paz la imprescindible y, amigos los gustos.

¡¡FELIZIDAD!! La justa, necesaria, suficiente e imprescindible. 

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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Competición y deportividad



En un colegio público bilingüe de la localidad donde vivo, a propuesta de la Profesora, se desarrolló una actividad  entre niños de diez años en un aula de primaria de segundo ciclo 4º. Se trataba de escribir un cuento en inglés con ciertas normas (escritura, tema y, nivel de inglés) con ilustraciones o dibujos, participación voluntaria. Transcurridos unos días se presentan los cuentos en clase, dándose un tiempo determinado para que los lean los alumnos, pasado dicho tiempo se procede a la votación, entre los propios compañeros, para elegir los tres primeros mejor valorados. Podía no haber sido así (también contaba la imaginación y fantasía), pero como se podía esperar, los tres primeros coinciden con los mejores de la calificación global en los estudios. La clasificación quedó de la siguiente manera: la primera 12 votos, el segundo 11, y el tercero 6.
Bueno, tengo que decir que el segundo es mi nieto, aunque ese no es el sentido de este escrito, puede que un poco sí, pero por la incomprensible experiencia por la que estaba pasando. Lo que él no comprendía y a mí me llamó la atención, es ver cómo entienden algunos niños la competición y la deportividad desde muy corta edad, en esta ocasión era cultural y educativa pero no puntuaba en las notas escolares.
El caso es que, al saber los resultados de la votación los dos primeros se abrazaron para celebrarlo y cuando fueron a abrazar deportivamente al tercer compañero este los rechazo y quedó sentado en su silla, serio y malhumorado. Al día siguiente y durante unos días mas, ni hablaba ni jugaba con ellos en el recreo. Estos dos niños no lo entendían, ellos no se consideraban culpables de nada (así me lo decía mi nieto). Algo no ha entendido bien ese tercer niño o tiene un mal enfoque de lo que es la competición, los culpables de su clasificación, no son los ganadores. Creo que posteriormente así se lo hizo ver la Profesora. Ella en su momento también votó, y su voto no fue un voto de calidad sino de compensación: si daba su voto a la primera no tenía sentido puesto que daba lo mismo ganar por un punto más que por dos, si votaba por el segundo se producía un empate, decidió hacerlo por el tercero en reconocimiento a su participación.

Que conclusión deben sacar los niños de esta experiencia. Que competir es ganar o no ganar, pero nunca perder y, siempre aprender.

Ha transcurrido un tiempo de esto y, a día de hoy, los niños hacen lo que mejor saben hacer ¡jugar todos juntos y como amigos! 



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