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domingo, 14 de agosto de 2011

EL JILGUERO LIBRE

En los meses de verano el que más o el que menos cambia de lugar por unos días en las llamadas vacaciones, unos a la playa, otros al campo y algunos a su pueblo de origen, es entonces cuando hay que pensar en la seguridad de la vivienda siguiendo las recomendaciones pertinentes para estos casos, dejándola con el aspecto de estar habitada, persianas medio bajas, buzón vacío, y otras medidas que ayuden a tal fin. Y otra cosa ¿Qué hacer con las mascotas o animales de compañía? Si alguien no se las puede llevar consigo busca la forma de su bien estar dejándolas en lugares específicos  para ellas, y en algunos  recurren a vecinos amigos, este es mi caso.
 Mi vecino me pide si puedo atender a unos pájaros enjaulados que tiene, naturalmente le digo que sí,  va y me entrega no una ni dos sino ¡siete jaulas! Con sus correspondientes jilgueros, todos ellos necesitan alimentación, cambio de agua, y limpieza. En eso estoy un día, abro la puertecita, recojo la suciedad y al sacar la mano el pájaro rápida e inesperadamente salió detrás de ella, volando libre hacia las cuerdas del tendedero de ropa más próximo y de ahí a los tejados, imaginaros una cara de bobo y de sorpresa que no soy capaz de describir. Cuando pude reaccionar seguí con los demás con extremadas precauciones.                                                    
Al día siguiente miro por el cristal del balcón donde están las jaulas, y veo al jilguero escapado revoloteando de un lado para otro, dando unos fuertes, alegres y bonitos trinos como solo un buen jilguero sabe hacer , me quede pensativo escuchado un buen rato. De pronto oigo una voz en mi interior que dice, - ¡eeeeeh…! Amigo como se te ocurre pensar que el pájaro te está dando las gracias por su libertad, más bien lo que tienes que pensar es ver como justificas ante tu vecino la perdida de uno de sus mejores jilgueros – Sacudí la cabeza, y seguí mirando y escuchando a un jilguero libre y agradecido (supongo).  
Más adelante, si queréis saber cómo terminó esto os lo contare
(si acabo vivo).  

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viernes, 12 de agosto de 2011

El avion descapotable

Decimos de nuestros nietos que son guapos, graciosos,  buenos, obedientes etc… que mejores ojos que los de los abuelos para ver lo que los demás no ven no entienden o no tienen tiempo. Por eso, entenderéis que hable aquí de mis nietos como si fueran vuestros nietos o tus nietos. En este caso Nora, cuatro años recién cumplidos, desparpajo “un piquito de oro” y una fantástica imaginación. Está construyendo un castillo con piezas apilables en el suelo del salón, sentado en el sillón leyendo el periódico oigo que me dice – ¿abuelo me ayudas? Le respondo – sigue así lo estás haciendo muy bien – insiste – porfa ayúdame abuelo – le digo – cariño es que el suelo está muy duro para mí – y me réplica de la siguiente manera – mira abuelo si te sientas así despacito no te haces daño – ante tan convincente explicación, acabo sentado a  su lado – me mira y dice algo que me repite muy a menudo – abuelo te quiero mucho – le digo – sí, pero quiero un abrazo – se vuelve hacia mí,  se abraza a mi cuello y me da un beso, con tan mala suerte que roza el castillo a medio construir y se derrumba todo, nos quedamos mirado el desastre sorprendidos, comenzamos de nuevo cuando me dice – abuelo vamos a construir un avión “descapotable” – siguiendo con su desbordante imaginación  razóna de la siguiente manera – pero no podremos viajar en él porque no podremos respirar -.
Todo esto es consecuencia de un reciente viaje a Canadá y de lo que le ha contado su primo sobre un coche descapotable. 
Con su tremenda capacidad de aprendizaje, estas pequeñas cabecitas lo ven todo lo oyen todo y su inocente imaginación hace el resto. Por eso mis nietos tus nietos vuestros nietos son maravillosos.
¿o no?
          

miércoles, 3 de agosto de 2011

La carrera

En uno de mis paseos matinales con un día de agradable temperatura, camino por una calle donde habitualmente se puede ver personas corriendo practicando deporte, uno de estos, un hombre de unos treinta años me adelanta con paso rítmico, más adelante como a diez o quince metros, se cruza con otra persona con andar dificultoso apoyándose en un bastón. Al llagar yo a su altura veo que es un anciano con muchos años, y que el paso del tiempo ha dejado huella  en sus piernas y apenas puede dar un paso, me mira y con el basto señalando al deportista se dirige a mí con una voz un poco apagada por los años pero socarrona, con estas palabras -Qué te parece, le he dicho que si hacemos una carrera y me ha dicho que no, hay que ver qué poca seguridad tiene en sí mismo-el comentario me hizo mucha gracia y estuve riendo un buen rato.
Siguiendo mí camino se me viene a cabeza las palabras del viejo con el basto. Quizás la competición no era llegar antes a la meta sino mantener una carrera de fondo para llegar a su indefinida edad, vuelvo la cabeza y observo que sigue su camino despacio, muy despacio no tiene prisa pues su meta es vivir.
J.P 


martes, 2 de agosto de 2011

Agresivos al volante

El otro día íbamos mi nieto y yo a cruzar la calle por donde se debe, el paso de cebra, y en la mitad aparece un bestia al volante de un coche a gran velocidad, dando un tremendo frenazo y a punto estuvo de llevarnos por delante dejando el para choque delantero a escasos centímetros de mi pierna derecha; pálido y tembloroso le dije de todo menos bonito, mi nieto cogido de mi mano izquierda, con sus seis años repetía mis palabras una por una.
Cruzamos la calle, ya en la acera mi nieto me dice ¡abuelo que susto nos ha metido este cabrón! Exactamente una de las palabras más repetidas por mi dirigida al del volante. Seguimos andado y pienso que le debo decir a un niño de esta edad, ¿que no diga esas “palabrotas”? si su abuelo las dice no lo entendería, intento explicarle que solo se emplea en casos extremos, que normalmente hay que recurrir a la denuncia para que intervenga la justicia. Pero en este caso si no ha habido atropello como se podría hacer, y si nos atropella que sanción le pondrían, quitarle algún punto para dárnoslo a nosotros en las heridas causadas por su imprudencia. ¿qué hacer con estos agresivos al volante?.
Seguidamente no dirigimos al parque a jugar a la pelota que a mi nieto le encanta, estuvimos un rato sin poder dar una patada, de vez en cuando nos mirábamos uno al otro, teníamos el miedo metido en los ojos.
De pronto nos dimos un abrazo de los habituales entre nosotros pero con mucha más fuerza, recogimos la pelota y regresamos a casa, eso si esta vez cruzamos la calzada cuando vimos que no venía ningún coche en la distancia.


Me quedé con la cara del sujeto que reproduzco aquí por si alguien lo reconoce.